jueves 19 de noviembre de 2009

A veces se empieza al revés

Ya es hora de que (por una vez) esta bitácora funcione como tal: comencé una nueva serie y voy a relatar cómo va.

Normalmente primero se me ocurre alguna idea y por un tiempo le doy vueltas en la cabeza hasta que tengo más o menos claro lo que quiero; entonces hago algún boceto en acuarela para graficar mejor mi propia idea y para anticipar su tamaño; a partir del boceto mando a hacer el bastidor a la medida (siempre es mejor conseguir tela de buena calidad y montarla uno mismo, pero yo tengo poco tiempo para hacerle al carpintero).

Sin embargo, en esta ocasión, después de un tiempo de no pintar ni de tener tiempo para pensar, me desesperé y compré cuatro bastidores de 40 x 40 cm en espera de que se me ocurriera alguna idea para otra serie, es decir, delimité el espacio antes de definir siquiera lo que iba a hacer. Esto lo hacía mucho cuando empecé a pintar, pero la verdad me parece algo limitante -no soy de las que esperan a que “los materiales hablen” o a “visualizar” la pintura en el espacio del bastidor. Yo creo que el que habla es uno -el pintor- y uno es también quien decide aprovechar las ideas que surgen al momento de aplicar la pintura o la textura (los famosos “accidentes”). Así esta vez, al elegir los cuatro bastidores, sabía que haría una serie pero al constreñirme a ese espacio también supe que si se me ocurría algo que no se ajustara al tamaño tendría que esperar para otra ocasión.

A partir de los cuatro bastidores pensé en dar continuidad -sin repetición- a las estaciones, y buscando información al respecto encontré algo interesante para desarrollar: los chinos tienen cuatro símbolos que corresponden simultáneamente a los puntos cardinales y a las cuatro estaciones. Me acordé que hace mucho tiempo, antes de enfocarme en el tema submarino, estuve obsesionada con la cartografía y de hecho realicé varias pinturas “cartográficas” (estoy hablando del 2001) aunque sin quedar del todo satisfecha con ellas.

Años después, retomo esa motivación cartográfica con el reto de pintar nuevamente algo figurativo pero “en plano”, es decir, dejando la aproximación tridimensional que manejaba en las pinturas de animales marinos, por ejemplo. Preparé dos bocetos con diferentes aproximaciones de color y me decidí a empezar por el primero, aquí la foto:


Boceto para el proyecto aun sin nombre

No soy una persona que respete demasiado los bocetos, pero aprendí que un poquito de planeación ayuda a un planteamiento de la pintura desde el principio (y que ya no me pase aquello de las obras que arrancan mal y luego se quedan sin terminar).

Una vez conforme con mi bocetito, preparé los bastidores con gesso: una mano diluida con agua primero y posteriormente una capa más gruesa, texturizando un poco donde me interesa que esté más rugosa la pintura. No llevo a cabo una preparación más sofisticada pues suelo pintar la primera mancha con pinturas acrílicas (de base acrílica, es decir, plástica) y las telas compradas ya tienen algo de preparación acrílica, además de que el gesso, también de base acrílica, me ha funcionado bien (eso sí, dejándolo secar un tiempo considerable, según lo grueso de la segunda capa).

En esta ocasión preparé los bastidores muy temprano en la mañana (de hecho había despertado un poco obsesionada con empezar) y los dejé secar unas 10 horas, o sea que comencé a pintar casi de noche.

Apliqué ese mismo día la primera mancha. De inicio me dejé llevar y cambié uno de los planteamientos del boceto, que consistía en que las figuras estarían dibujadas, es decir, únicamente iba a poner la línea; pero a la hora de pintar sentí que las figuras podrían bien ser “en mancha” y no por ello perder el carácter plano del dibujo en un mapa.

Tuve que parar porque ya era tarde y al día siguiente tenía que levantarme temprano para el trabajo. Todavía no he podido continuar pero estar viendo estos cuadritos “en mancha” durante varios días me ha ayudado a definir algunas cosas que quiero cambiar, tratando de recordar que están todavía en fase de planteamiento inicial y que no puedo juzgarlos como obra terminada. Por ejemplo, pienso matizar los tonos pues están muy puros y aunque busco contraste no quiero que el color sea tan llamativo que distraiga de los detalles que después agregaré… prometo subir fotos más adelante.

(continuará)

jueves 12 de noviembre de 2009

Explicación no pedida

…confesión manifiesta. Para aquellos que se pregunten qué pasa con esta bitácora (o con esta pintora) en la que ha habido muy poca actividad pictórica, les confieso que además de mi “justificación” laboral existe otra: además del camino puramente creativo, mi inquietud intelectual me ha llevado por los senderos de la “Decodificación de la Imagen Visual” y ¿porqué no?, a nivel Maestría, ya que realmente quise darle una dimensión seria al asunto y me pareció que un curso o diplomado era insuficiente.

He aprendido bastante en estos meses (ya voy a terminar el primer semestre) y definitivamente comienzo a ver de manera muy distinta a la pintura, el Arte, a la relación artista-obra-espectador, etc. Aclaro que esta Maestría tiene un enfoque puramente teórico, por lo que me la he pasado estudiando, leyendo, buscando imágenes de obras de arte, diseccionándolas cual cadáver en la morgue para luego volverlas a ver como totalidad; analizando los muchos puntos de vista para aproximarse a una obra, etc.

Todo muy lindo, pero estos estudios han implicado un sacrificio adicional de tiempo de pintura, y esto me ha llevado a un aprendizaje mucho más profundo y doloroso respecto a mí misma: me he dado cuenta que no puedo estar sin pintar. Me refiero a que es casi una necesidad fisiológica: si no pinto me dan ataques de ansiedad, no duermo, tengo cualquier cantidad de enfermedades psicosomáticas, pierdo concentración… ni qué decir del humor que tengo estos días. He ido en declive emocional y físico, mitigado por los momentitos en que realicé mi serie de las Cuatro Estaciones y algunos ejercicios aislados. Siento que dejar de pintar no es una opción para mí, ni siquiera por un tiempo.

“He who desires, but acts not, breeds pestilence.”
“El que desea, pero no actúa, engendra peste”

William Blake, en El matrimonio del cielo y el infierno, Proverbios del infierno, 1790-1793


William Blake
The Ghost of a Flea (El Fantasma de una Pulga)
1819-1820
Tempera y hoja de oro en panel de madera
21.5 × 16 cm
Tate Gallery, Londres


Entonces, ¿por qué considero esta situación como parte de un aprendizaje? Porque me doy cuenta que todas mis disertaciones (y preocupaciones) sobre el posible reconocimiento de mi obra, o sobre la posibilidad de vivir de la pintura y hasta sobre cuestiones más banales como tener un estudio o pintar de día o de noche están en un segundo plano, pues lo único que deseo y que necesito es pintar -lo que sea, donde sea, a la hora que sea y sin pensar después a dónde irán esas pinturas-. Y reconocer eso es bueno, porque me permite distinguir la prioridad de lo accesorio.

Es, digamos, una certeza en medio de la incertidumbre.

No quiero, ni pretendo, despreciar el conocimiento teórico, pues creo que es necesario para cualquier artista reflexionar y estudiar sobre su arte y sobre el Arte en general; pero me parece necesario darle, al menos para mí, su justa dimensión, que es de apoyo a mi actividad como pintora. En conclusión: reduciré el tiempo de estudio y aumentaré el tiempo de pintura (incluidos los necesarios momentos de ensoñación preliminares a toda idea).

Por cierto que la elección de la frase de Blake para esta entrada, y justamente esta pintura, viene a cuento porque mi deseo irrefrenable convertido en frustración es algo… romántico. Temporalmente desfasado, diríase un dramatismo posmoderno, pero romántico al fin.

martes 13 de octubre de 2009

Las Cuatro Estaciones, un experimento involuntario.

A fines de septiembre terminé la serie de las cuatro estaciones, que comencé a pintar únicamente como punto de partida, al no estar inspirada ni tener algún tema o proyecto en mente. Lo que me urgía era empezar a pintar.

Fui mostrando las pinturas una a una a través de internet y sin ponerles título, lo cual permitió que se viera a cada una de ellas como un abstracto, provocando diversas interpretaciones. Una vez terminada la serie, “junté” las fotos digitalmente y las subí como serie con el título “Four Seasons” (Cuatro Estaciones) aquí



Teresa Clark
"Las Cuatro Estaciones"
Serie de 4 óleo/acrílico sobre tela 40 x 40 cm. cada uno
2009


Fue muy interesante observar que esa imagen conjunta tuvo muchísimas más visitas que las pinturas por separado, además de que la mayoría de los que escribieron comentarios claramente veían las cuatro estaciones e incluso hubo quien me felicitó por mi “interpretación de Vivaldi”.

Lo anterior me ha hecho reflexionar sobre cómo una imagen de la cual ya tenemos un referente previo, la mayoría de las veces con características o atributos determinados, puede gustar más o hacer sentir más cómodos a los espectadores que otra imagen que no conocemos y que nos exige un “trabajo” interpretativo. Y lo replanteo mejor como pregunta:

¿Nos gusta más una imagen que ya conocemos y que tenemos resuelta mentalmente que una de la cual tenemos poca información, que nos exige pensar y reflexionar sobre lo que estamos observando? ¿Si a la primera la sacamos de contexto, vale por sí misma aun al perder la significación que tenía?

Y si es así, entonces, ¿son las imágenes de las cuatro estaciones, con sus características clásicas, un referente de tipo iconográfico, dado que aprendemos dentro de nuestra cultura cuáles son estos atributos? Es decir, ¿Alguien puede imaginar un otoño sin hojas secas y sin colores anaranjados? En muchos lugares el otoño no es así, como por ejemplo en cualquier país tropical. Pero hemos aprendido, por haber visto infinidad de imágenes que representan el otoño, que ésta es una temporada de árboles perdiendo sus hojas y de campos en tonos ocres. A este respecto les recomiendo el libro "Arte y mito: manual de iconografía clásica" de Miguel Ángel Elvira Barba (2008) LINK

Llevo las preguntas más lejos, desde el lugar de pintora: muchos toman imágenes ya conocidas utilizándolas con fines meramente comerciales, sabiendo de antemano el gusto de la gente, lo cual está muy mal visto entre algunos artistas. A este respecto, independientemente de la propia búsqueda artística ¿no se vale, dentro de la comunicación que implica el arte, utilizar estos recursos como asidero para el espectador? ¿O incluso acercarse a estos temas presupuestos tomándolos como un reto y darles una re-interpretación personal? Esto último fue lo que hice, sin otra pretensión que pintar, pero me esforcé en darle algo personal a cada “estación”.

Hay grandes obras en la historia del arte que utilizan imágenes con alta significación previa y que, por ello o a pesar de ello, han hecho un gran aporte a la pintura aun cuando la mayoría fueron, efectivamente, encargos o comisiones. Estoy convencida de que aquellas que trascendieron hasta nuestro tiempo, lo hicieron independientemente del tema en sí, cada caso con sus méritos y su particular historia:


Pieter Brueghel el Viejo
“La Cosecha”
Óleo sobre tabla 1565
118 x 161 cm.
En realidad es parte de una serie de seis cuadros (no cuatro) uno por cada dos meses -este sería agosto-septiembre cuando se cosecha lo sembrado.



Giuseppe Arcimboldo
"Las Cuatro Estaciones"
Estuvo al servicio de la corte de los Habsburgo, su obra convencional ha sido olvidada pero estos “caprichos alegóricos” son considerados antecedente del surrealismo y el collage
LINK


Francisco de Goya
El otoño o La Vendimia, 1786
Lienzo, 275 x 190 cm
Procedente del Palacio Real de Madrid, hoy en el Museo del Prado, muy posiblemente por encargo.


Una breve aclaración: quise investigar más profundamente (más teóricamente, por decirlo así) antes de escribir esta entrada; sin embargo, además de perderme en la semiótica, iconografía y retórica de la imagen, concluí que este blog sigue siendo, a fin de cuentas, una bitácora, una relación de hechos y experiencias, ni más ni menos. Por ello, más que razones, asiento mis propios cuestionamientos, aún por resolver.

sábado 5 de septiembre de 2009

Sobre la curaduría (o La obra y el espectador II)

Hace poco alguien me recordó la importancia del curador en la relación entre el espectador y la obra de arte, acerca de lo cual escribía hace poco aquí LINK.

¿Por qué no lo mencioné antes? ¿Qué hace un curador? El “mundo del arte” se ha alejado del público (¿o nunca estuvo cerca?) de tal manera que en el imaginario popular el curador queda en una nebulosa que va del desconocimiento absoluto a que se le confunda con el museógrafo o simplemente “el que organiza la exposición”. Mientras, algunos “entendidos” lo consideran esencial para el arte y para su existencia misma, por encima incluso del artista, porque es el curador quien “crea” tanto el “concepto” como la lectura del arte.

Vamos por partes. Un curador vela por la relación entre el espectador y la obra artística, a través de la manera en que ésta es presentada. Al respecto les recomiendo un artículo interesante de Carlo Trivelli que fue publicado en el Diario “El Comercio” de Perú LINK.

Las prácticas curatoriales están en constante movimiento y son muy variadas: no es lo mismo limitarse a mostrar coherentemente la obra de un artista (en una retrospectiva, por ejemplo) que invitar a artistas a crear en torno a un concepto, tema o idea –es en estos casos cuando realmente la actuación del curador resulta trascendental, dado que es una conexión entre la creatividad del artista y el momento y lugar específicamente establecidos para mostrar su obra. Todo ello en aras del espectador: para que éste pueda tener un acercamiento a la obra en cuanto a interpretación, valoración e incluso su propia creación (como mencionaba en mi entrada anterior).


Jakub Niedziela
"Unearthed Sky", Fotografía
2009

jakubniedziela.daportfolio.com

Se ha discutido mucho sobre la delgada línea que limita al curador de la creación, de la “dictadura del curador” como se le viene llamando desde los años ‘90s. Ese curador que se entromete con el artista en su proceso creativo, o esa muestra en la que a duras penas aparecen los nombres de los artistas pues el crédito es del curador. No entraré a esta discusión (por el momento) ya que lo que me importa ahora es únicamente considerar si la intervención de esta persona es necesaria para que el espectador “haga suya” la obra.

El curador brinda muchas ventajas para la apreciación de una obra, me parece deseable tener uno o ser invitada por él como artista a participar en una muestra. Ni qué decir de la legitimación social y económica que le da a la obra la intervención de un curador: estos personajes no andan curando la obra de cualquiera. Y para el público, ¿qué mejor manera de apreciar el arte si éste cuenta con un profesional que lo pueda mostrar de la mejor forma posible?

Ahora vuelvo a mi pregunta: si el curador es tan importante, ¿por qué no lo mencioné antes? Honestamente, a pesar de todas las ventajas que ya comenté, considero que no es esencial para la existencia de la relación obra-espectador. Pienso que la obra es, con curador o sin él. Un espectador con una actitud abierta y una sensibilidad medianamente desarrollada tendría que poder tener su propia aproximación a la obra artística. Me parece un poco insultante hacia las personas que tienen la actitud de acercarse al arte, el pensar que no pueden apreciar una obra si no hay una presentación y explicación de por medio.

Esto que acabo de exponer puede sonar contradictorio, sin embargo creo que no lo es. Quizá de lo que se me pueda acusar es de idealista, de creer que la gente tiene cierta inteligencia y sensibilidad (al menos la gente que se acerca al arte) y que una obra que tiene calidad ha de trascender el cómo y dónde está presentada.


Alfred Stieglitz
Fotografía de la "Fuente" de Duchamp (1917)
1917


Aclaro que, como buena idealista, me estoy refiriendo a las artes en general pero debo hacer la excepción del arte contemporáneo, en que el objeto por sí mismo es arte, al estar colocado en cierto recinto cultural y avalado por el curador con su respectivo postulado y catálogo. En este caso sí, el curador vendría a ser indispensable para la existencia misma del arte, ya que dicho objeto fuera de ese contexto pasa a ser un objeto cualquiera -o más bien al revés, el objeto cualquiera se legitima como arte al estar en el contexto adecuado y presentado por el curador-. Esto último sigue generando polémicas y debate aún al día de hoy.

martes 25 de agosto de 2009

Invierno en agosto

Pues bien, siguiendo con la temática de las cuatro estaciones, y después de un intento fallido con la pintura correspondiente a la primavera (ahora tengo que dejar secar esa pintura para poder continuar), me dediqué al invierno. La pintura terminada se puede ver en mi blog de pintura LINK.

Por otra parte, y a propósito de las cuatro estaciones, los dejo con un par de obras maestras inspiradas justamente en el invierno. Me disculparán por la falta de maravillosas imágenes visuales (árboles cubiertos de nieve, lagos congelados y demás), pero me pareció importante respetar la creación musical, como arte que se basa en la abstracción y que se dirige a los sentidos en su forma más pura:

"Invierno Porteño" de Piazolla, interpretado (en vivo) por el Prometheus Chamber Ensemble -pueden visitar su sitio AQUI.




Y bueno, como no podía faltar, los dejo con "Invierno" de las "Cuatro Estaciones" de Vivaldi, interpretado por el violinista Gil Shaham:



Aclaro que no he pintado ninguna de mis "estaciones" escuchando esta música, ni ninguna otra, lo cual ha sido meramente circunstancial y en mis próximas sesiones de pintura será remediado debidamente.

sábado 15 de agosto de 2009

Por fin algo de pintura

Digamos que se rompió el hielo -o lo rompí yo- después de tanto desvarío, dudas e incertidumbre de por dónde comenzar de nuevo. Y como suele suceder, no fue fruto de momentos de inspiración ni de una gran planeación.

No pinté en mis vacaciones, con luz de día maravillosa, ni tampoco después de una buena noche de descanso. Fue en las tardes, de vuelta del trabajo, con la luz que comienza a irse y gracias a una buena lámpara y a las puras ganas de pintar.

Consideré que para retomar cualquier tema es bueno, así que, emulando a grandes artistas del pasado (que no sé si realmente estarían inspirados por el tema), me decidí a comenzar unas “cuatro estaciones”. Busqué muchas fotos de paisajes, compré cuatro bastidores de 40 x 40 cm, los preparé y en una tarde hice la primera mancha de los cuatro.


Alphonse Mucha "Las Estaciones" 1897

No por ser un tema aleatorio voy a tomar a la ligera el proceso que me llevó a realizar esta nueva serie. Quiero continuar trabajando en la línea que seguí en mi última exposición, sólo que dejando momentáneamente el mar y enfocándome en las sensaciones de las cuatro estaciones en cuanto a idea abstracta. Claro que mi idea mental de cada estación es sólo un punto de partida, ya que deseo que el cuadro se vaya “formando” sin imponer grandes limitaciones en cuanto a figura.

Esta semana terminé el primero de la serie, aunque en realidad sería el segundo pues se trata de “Verano” y se puede ver aquí LINK. No puedo decir que sea el mejor o peor cuadro que he pintado, pero me trajo mucha satisfacción en ese momento y le he ido tomando cariño.

Después la semana se me complicó un poco, y hoy sábado estoy realmente agotada, así que me daré el tiempo de descansar, pero no mucho pues no puedo esperar para comenzar con otra estación...

jueves 16 de julio de 2009

La obra y el espectador

El otro día escuché una canción en el radio: era buenísima, la disfruté mucho, sin embargo al final me quedé con la duda de quién era el autor/intérprete, ya no lo anunciaron y enseguida comenzó otra canción. Eso me pareció una falta total de respeto al autor además de una limitación para el público, porque sin información no habría manera de conseguirla y conocer otras obras del mismo grupo.

Pero en ese momento también me di cuenta de una obviedad: lo importante era la canción en sí misma, lo que me transmitió, el sentido que yo pude darle. De hecho mi experiencia había sido pura y dura, sin ningún tipo de prejuicio respecto al intérprete, grabación, etc. y eso me parece lo más deseable en cuanto a la apreciación de una obra.

La reflexión me provocó sentimientos encontrados: como público que aprecia el arte lo anterior cobra perfecto sentido, pero como autora todo lo contrario. Pensé en mis pinturas observadas por alguien que no sabe quién las pintó y mi sensación fue horrible, como si me hubieran despojado de lo más importante.

No es novedad el tema de la “crisis de la autoría”, a estas alturas mucho se ha escrito al respecto, en particular Roland Barthes
en su artículo “La Muerte del Autor”. A quien le interese ahondar en el tema, Ramón Pérez Parejo publicó en internet un artículo claro, interesante y bien fundamentado aquí .

Para mí es claro que una pintura no está completa del todo hasta que el espectador la ve. Su mirada interpreta y observa, no sólo las intenciones conscientes o inconscientes del pintor, sino lo que la obra le dice a él, pues su propia mirada le brinda distintos significados. ¿Cuántas veces no se habla de que “el ojo” completa los huecos en una figura? Ese ojo participa activamente en la obra creando también, y eso le da una trascendencia en el tiempo más allá de su autor.


Anónimo

Honestamente, no puedo imaginar pintar para que nadie vea la obra acabada. Tengo conciencia tanto de lo imperfecto de mi trabajo como de que lo realizo para que “alguien” lo aprecie. Aún así, la sensación de desprendimiento es dolorosa. Como señala Pérez Parejo, citando a su vez a Campillo: “Al firmar, el autor parece reapropiarse de lo que ya de entrada se le escapa de las manos”.

Con razón es tan difícil exponer. Y efectivamente, me siento fatal después de cada exposición. Porque por mucho que lea y teorice, la verdad es que al pintar dejo mucho de mí y luego, una vez mostrada la obra (incluso si la muestro por internet) siento que no me pertenece, que ya no tengo derecho a hacerle cambios aunque le hagan falta, no obstante tenga las pinturas –físicamente- en mi poder. Eso duele, al menos por un tiempo.

Lo más interesante de todo es que si bien el artista pinta siempre para que otro aprecie la obra, ese otro en realidad suele ser al principio la mirada de uno mismo. Y sí existe la necesidad de firmar, de asentar la paternidad respecto de la obra, porque si bien al artista se le va, al mismo tiempo queda su autoría, que es el origen de esa pintura.


Anónimo

Eso sí: hay que distinguir entre pintar para “el otro” y pintar “con dedicatoria”. El artista que crea pensando en un espectador particular, como puede ser un galero, un maestro, el supuesto público “conocedor”, un organismo que da el premio de un concurso, la gente que compra, etc., se arriesga a perder su identidad creativa (que para mí es el estilo y la propia búsqueda). De eso habrá que escribir otro día.

*NUEVO!!* Esta reflexión continúa aquí LINK

lunes 22 de junio de 2009

¿Y la pintura?

El lector de este blog quizá se esté preguntando qué pasa con esta bitácora en la que, de tanto discurrir, no se habla de ninguna pintura reciente. Las respuestas a esta incógnita son básicamente dos:

La primera y principal reside en que después de la exposición “Cambio de Marea” y el encargo terminado hace poco más de un mes he descubierto que, más allá de un sano descanso, necesito una pausa para replantear la dirección que seguirá mi pintura. Esto no significa que esté del todo inactiva; realicé algunos ejercicios con material barato o en pequeña escala, sin mayor fin que tener las manos ocupadas y los sentidos atentos. Pero no tengo idea todavía de lo que pasará con mi trabajo, pues si bien no tengo pensado dar un cambio rotundo en mi manera de pintar, creo que es momento de crecer y enfrentarme a nuevas posibilidades.

Conste que no digo estar “bloqueada”, ese término me resulta odioso por lo manoseado (en estos tiempos todo mundo habla del bloqueo creativo, desde los artistas consagrados hasta el estudiante de primaria que no sabe cómo comenzar la tarea). Prefiero considerar esta pausa como lo que es: una pausa, quizá sí con tintes de crisis creativa, pero no con la carga negativa que implica el famoso bloqueo. Espero sea una crisis para crecer y mejorar.


"El pintor pobre" de José Antolinez LINK

La segunda respuesta a la falta de obra reciente es pedestre y algo deprimente: simplemente no tengo tiempo y energía pues para asegurar mi subsistencia económica tuve que tomar un empleo. Otra explicación “cliché”, lo sé, pero quien haya leído mi entrada anterior respecto al artista que se tiene que enfrentar a un trabajo ajeno al arte para subsistir me entenderá. Aquí la ecuación es simple: en este momento hay que asegurar el ingreso para comer, pues si uno no come se muere. Así, primero hay que comer y luego crear, lo cual se dice fácil aunque no lo es. Uno quisiera invertir ese orden, crear y luego comer, pero a veces no es posible. Uno se rebela, se enoja, se cansa el doble por enojarse y de todos modos sigue teniendo que ir a trabajar. Entonces la creación se dificulta todavía más.

Miro a Rousseau, a Varo, a Echeverría, y me digo “ellos pudieron”, “es un momento”, “ya tendré mi oportunidad”… y la verdad no siempre me la creo. Quisiera, pues, si no cambiar la forma en que funciona esta sociedad, al menos tener más energía, necesitar dormir menos horas para tener más tiempo y enfrentarme al lienzo descansada. Por lo pronto ya comencé a tomar vitaminas…

viernes 29 de mayo de 2009

Ser artista en tiempos de crisis

... o en tiempos de estabilidad pareciera lo mismo, pues los ritmos de creación y venta suelen ser totalmente ajenos al resto del mundo. De hecho se dice por ahí que las crisis favorecen las ventas de obras de arte, ya que éstas se consideran un activo en el que vale la pena invertir cuando todo lo demás se tambalea.

No obstante, cada artista tiene sus altas y bajas y los artistas emergentes suelen estar a la baja en momentos como los que se viven ahora. La mayoría de los artistas tienen (tenemos) que recurrir de vez en cuando, o muy seguido, a actividades que nada tienen que ver con el arte pero que les brindan un apoyo económico para subsistir y comprar materiales.

Ah, pero ahí viene el dilema, porque la relación arte-trabajo es inversamente proporcional: a más trabajo, más dinero, más materiales y tranquilidad económica pero menos tiempo para crear. O bien, a menos trabajo, más tiempo para la creación artística, más tranquilidad mental que favorezca la llegada de las musas pero, por supuesto, menos dinero para las necesidades básicas y los materiales.

Esto genera por momentos rebeldía y dolor: es duro comprobar que el trabajo artístico no es valorado de igual manera que las actividades “que producen”, por ejemplo las económico administrativas, como si el quehacer artístico fuera algo fácil o inútil.

Pero en fin, dejando ese viejo conflicto aparte, esta situación existe hoy por hoy y hay que buscar una solución. Qué ilusión sería contar con un mecenas, becas o apoyos de instituciones, o encontrar reconocimiento desde la juventud -a algunos la vida les da esas oportunidades-, si bien los demás necesitan resolver la ecuación arte-trabajo.

Ante esto, prefiero acudir a los ejemplos en la Historia de artistas “terrenales”, de los que, como uno, tuvieron que enfrentarse a la subsistencia diaria y encontrar la manera de crear, aunque el esfuerzo tuvo que ser mayor. Mi favorito es Henry Rousseau, apodado “el Aduanero”.


Henry Rousseau "Lucha entre un caballo y un jaguar" 1910

Autodidacta, conocido por sus paisajes selváticos imaginarios inspirados en una pretendida visita a las selvas mexicanas (a mí me gustan también sus paisajes con aviones y dirigibles), me identifico con él porque yo también trabajé revisando documentos aduanales, soy autodidacta y pinto paisajes soñados inspirados en viajes que hoy se me antojan lejanos. Admiro de Rousseau su empuje y talento para encontrar un estilo personal a pesar de todo.

En México tenemos ejemplos similares, como el conocidísimo caso de Remedios Varo, quien trabajó por años haciendo ilustraciones para los laboratorios Bayer, o Enrique Echeverría link quien estudió simultáneamente pintura en La Esmeralda y la carrera de ingeniero topógrafo e hidrógrafo.


Enrique Echeverría "Ofrenda #3"

Trabajó muchos años en la Compañía de Luz sin que ello fuera obstáculo para su quehacer artístico, pues fue muy activo en la vida artística del país, entre otras cosas con la fundación de la Galería Proteo (junto con figuras como Gironella, Cuevas y Coronel), además de llevar su arte al ámbito internacional exponiendo en Estados Unidos y España. Y todavía se dio el tiempo de experimentar con una nueva técnica llamada “acetografía”.

Ante el ejemplo e inspiración de personajes de este calibre, no queda más que ponerse a trabajar, buscar la manera de abrirse camino para subsistir y con ello crear con empuje y perseverancia; quién sabe, quizá algún día el reconocimiento al trabajo propio pueda suplir el mecenas o la beca soñados, y que en vez de estímulos externos se viva del arte gracias al esfuerzo propio...

viernes 8 de mayo de 2009

Qué bien se siente terminar algo que empezó bien

... hasta da un poquito de lástima que se acabe. Y es que así como hay cuadros que desde el inicio parecen ir mal y pintarlos es un proceso lleno de angustia, llegando incluso a no ser concluidos, también hay pinturas que “comienzan bien” desde los bocetos hasta los detalles finales.

Hoy terminé oficialmente el encargo del que he venido hablando. Digo “oficialmente” pues ya tengo el visto bueno de la dueña. Estoy satisfecha pues pude comprobar que si bien en mi trabajo de los últimos años había ido perdiendo la figura, no por ello se me olvidó cómo pintar un retrato de manera realista.



Plantando un Arbol
Teresa Clark
Óleo/acrílico sobre tela
90 x 130 cm.
2009


Debo aclarar que tuve una foto como referencia, aunque tenía sus limitaciones. No me dediqué sólo a copiarla pues quería darle un toque personal a la pintura: cambié la composición y el tratamiento de la luz y le dí el detalle “irreal” y texturado al campo, independientemente del realismo del personaje retratado. Tanto la cara como la mano estaban en sombras en la foto, lo cual fue un problema y me dio suficientes motivos para esforzarme todo lo que pude para resolver ambos, los más importantes en un retrato.

Independientemente de lo perfectible de este cuadro, enfrentarme a él fue un placer desde el inicio: la pintura fluyó con soltura, como pocas veces. No sé si tendrá que ver el afecto que le tengo a la persona que me lo encargó, o la relación íntima con la naturaleza que la escena muestra: un ser humano al momento de plantar un árbol (no tengo que aclarar que la naturaleza es mi debilidad en cuanto a inspiración se refiere).

Por otra parte me parece plausible que si en un retrato el sujeto de la obra ya existe (en una foto en este caso), el reto del artista sea captar su esencia y carácter, y a la vez de darle un toque personal, centrando toda la atención en la ejecución misma y en el sentimiento que pueda transmitir. Quizá justamente al tratarse de la “idea” de otro, lo que parece ser una limitante acrecienta la creatividad del que pinta...

En todo caso, me siento bien.

viernes 17 de abril de 2009

Obras inconclusas

A veces los artistas no terminamos (me incluyo) ciertas obras. No importa si les dedicamos horas o hasta meses de trabajo, mucho material, sudor y lágrimas, hay obras que “no funcionan”: no son lo que visualizamos desde el principio y durante el proceso tampoco se transforman en algo interesante, por lo que tarde o temprano las dejamos sin terminar. Pasado cierto tiempo las podemos retomar, a veces después de años, para trabajarlas aprovechando las texturas y colores originales, o bien directamente reciclarlas para no desperdiciar el soporte (en mi caso tela montada sobre madera).

Otros artistas insisten en que una vez comenzada la obra, hay que seguir trabajando en ella aunque ésta termine convertida en algo totalmente distinto de la concepción inicial, lo cual sucede con frecuencia, incluso dando como resultado algo mejor de lo que se planeó. Se trata de pintores intuitivos que van creando sobre la marcha, algo en verdad envidiable.

A fin de cuentas, la transformación es el destino de la mayoría de las obras inconclusas. La diferencia reside en el momento en que se afronta ese cambio. No es lo mismo trabajar de principio a fin aunque la pintura termine muy lejos del planteamiento original, que dejarla a un lado (sin terminar) y pasar a otra cosa, para retomarla posteriormente. Es el caso comprobado en los famosos estudios de rayos X, realizados sobre pinturas famosísimas de autores consagrados que suelen estar muertos.

Claro que también hay obras que definitivamente quedarán inconclusas. Son las menos, ya que suelen ser destruidas, o llegan a ser tan famosas como las terminadas, como es el caso de muchos dibujos e inventos de Leonardo Da Vinci, quien tenía ese impulso creativo que lo hacía pasar a otra cosa sin acabar lo que había empezado (aunque quizá este impulso sea más legendario que real, ya que se dice que a veces no terminaba una pintura por pasar a otro encargo más urgente, o bien por algún traslado a otra ciudad como Milán -cuestiones meramente profesionales).


Leonardo Da Vinci, "San Jerónimo", 1480-1482 inconclusa (se dice que por aceptar el encargo de "La Adoración de Los Reyes" que exluía en su contrato cualquier otro encargo)
Roma, Pinacoteca Vaticana*


Leonardo Da Vinci, "La Adoración de los Reyes" 1481/1482, parece que no la terminó debido a su traslado a Milán.
Florencia, Galería de los Uffizi*

Comenté este tema con otros pintores y me llama la atención el hecho de que casi siempre “sabemos” desde el principio cuando una obra no va a ser terminada: tenemos la sensación de que empezamos mal, que la obra “no va a ninguna parte”, “no era lo esperado”, etc. Tengo una amiga pintora que asegura que es “instinto”, algo innato que tenemos los pintores desde el comienzo de los tiempos, una intuición para determinar cuando un cuadro no va bien y ahorrarnos mucho tiempo, esfuerzo y material. Yo sospecho si esa certeza no será más bien inseguridad, una especie de autoboicot o simplemente falta de planeación que hace que “decidamos” desde el inicio que no vale la pena continuar trabajando.

Por lo pronto, a mí me pasa cada vez menos esto de dejar obras inacabadas, sobre todo desde que mantengo una idea en boceto y en mi mente por mucho tiempo, o bien después de planearla al menos un poco, en vez de lanzarme a realizarla de inmediato. No estoy exenta de que a medio proceso pierda interés y se me antoje probar algo nuevo o bien tenga un momento “eureka” que arrase con la idea original, pero a fin de cuentas cada vez quedan menos “cadáveres” en mi estudio.

*Zöllner, Frank (2005) Leonardo da Vinci Tomo I Obra pictórica completa, Ed. Océano

jueves 16 de abril de 2009

El detalle técnico del día

Sigo con los dos cuadros que les había comentado. Por un lado, voy bastante avanzada en el retrato. Por el otro, apenas estoy en la primera mancha en la segunda idea.

Después de amplias discusiones con pintores conocidos míos respecto al óleo sobre acrílico, en las que unos postulan que es perfectamente bien hecho y no pasa nada (siempre que sea óleo sobre acrílico y no al revés), y otros opinan que después de años (muchos, más de lo que viviré) la segunda capa se puede comenzar a levantar, llegué a la conclusión que había que tomar medidas para proteger mis cuadros, digo, por aquello que me haga famosa y 400 años después de mi muerte mi obra se mantenga en buenas condiciones.

Así que viene el detalle técnico: apliqué a partes iguales esencia de trementina, aguarrás bidestilado y aceite de linaza -fórmula común para preparar veladuras- sin pintura, sobre la pintura acrílica, y dejé secar antes de comenzar a aplicar el óleo. Esto, se dice, es bueno para hidratar y fijar el “agarre” entre acrílico y óleo. La mezcla con trementina y aguarrás sirve para evitar que el aceite de linaza pueda “amarillar” los tonos del cuadro.


Aceite de linaza

jueves 2 de abril de 2009

Identidad creativa y supervivencia

Diríase que un representante -el “dealer” que aparece en las películas o que legendariamente recorre las casas de los coleccionistas- es el sueño dorado de todo artista emergente. En México sin embargo, me parece que son muy pocos los casos de corredores de arte propiamente dichos, y es más factible buscar galerías privadas que consideren la obra del artista para su venta.

En principio todo suena muy razonable ¿no? Un artista no tendría que andar ocupándose de vender, sino de pintar. Y el galero de vender, evidentemente cobrando su porcentaje de la venta (normalmente un 40%). No voy a entrar en discusión respecto a si es justo que cobren esa comisión, sino más bien a la búsqueda de representación en sí, es decir, a cómo hacer que la obra del artista llegue a la galería en primer lugar.

Hago un paréntesis para señalar que este proceso cobra un matiz emocional en el artista, considerando que puso su corazón, sangre, sudor y lágrimas en la elaboración de su obra, lo cual suele derivar en sentimientos encontrados al salir a buscar quién la venda, fríamente, como una mercancía más.

Hay varios puntos a considerar antes de acercarse a una galería: cuáles artistas maneja, si sus firmas ya son conocidas, o si es una galería que puede recibir obra de artistas nuevos, el tipo de arte que vende, el prestigio de la empresa (no me refiero a que sea famosa sino a que sea conocida por su seriedad y profesionalismo), incluso si hay alguna relación, algún conocido en común con el galero, esto no es indispensable pero ayuda (como en todo).

Para los artistas nuevos, el problema (sí, para mí es un problema) es cuando hay conflicto entre la obra y el mercado, o por decirlo más claro, si la obra del artista es buena pero no se ajusta en tema, dimensiones o colores, a las “tendencias”. Si uno mira el mercado, pareciera que hay de todo, y por ende, un lugar para todos, pero mirando de cerca las cosas no son así.

Claro que un galero serio nunca va a pedirle a un artista que cambie su manera de pintar (en el caso pedirá otro formato -”más grande” parece ser la moda ahora- o cuadros parecidos a lo que en el pasado le haya funcionado en ventas) pero si deja de tomar su obra por considerar que su tema, colores o formatos no van con la propuesta de la galería, y si ese mismo artista recorre galerías con la misma respuesta, a menos que cuente con un mecenas o un sustento de otro tipo, tarde o temprano se va a replantear si está haciendo las cosas bien, si no será necesario cambiar “algo”.




Odilon Redon inspirado por Poe

Aquí es donde pienso que la identidad creativa se ve en peligro, ya sea por necesidad económica, por deseo de reconocimiento, por consejos de otros artistas o personas que no son creadores pero que opinan igual; un artista puede verse forzado a cambiar algo de su propuesta o buscar otra manera de ganarse un sustento, en ambos casos dañando seriamente su autoestima y su producción artística. O en el mejor de los casos, acelerará su proceso de búsqueda creativa en otra dirección.

Evidentemente la historia del arte hubiera padecido enormes pérdidas si los artistas hubieran renunciado a su arte para sobrevivir -desde artistas que aún hoy son relativamente oscuros como Odilon Redon, hasta el muy manoseado ejemplo de Van Gogh-. Por desgracia, estos ejemplos en vez de permitir la apertura hacia propuestas de calidad y talentos en desarrollo, más bien promueven en el ideario popular la idea de que es normal que el artista sufra, sea pobre y sacrificado e incluso tenga que morir para obtener reconocimiento, resultando muchas veces en que efectivamente, haya artistas que viven -y mueren- en el anonimato.




Odilon Redon "Cíclope"



Van Gogh "Retrato con Vendaje"

En mi humilde caso -y ahora sí entramos de lleno a esta bitácora- me he enfrentado a esta situación, lo cual no es de sorprender pues estamos en 2009, pleno momento de crisis en que las galerías apuestan a lo que ya han probado y les ha funcionado en el pasado. Mi búsqueda es joven aún: apenas estoy comenzando. He tenido buena respuesta de la Galería Urbana, sin embargo no es suficiente para garantizarme un ingreso suficiente. Y me pregunto cuántos artistas habrán cambiado su manera de pintar, su “temática” como dicen algunos, sin comprender que a veces la temática es lo de menos, es un pretexto para plasmar colores, texturas y moviento.

También pareciera que hay una tendencia a etiquetar a los artistas, sin comprender que si se trabaja en una serie con un tema, ello no implica un inconveniente para trabajar en otros temas. Ya me etiquetan como “artista del mar” lo cual está muy bien, pero también soy artista de la Tierra, de la Lluvia y de varios abstractos.

Mis próximos dos cuadros no serán marinos, uno por ser un encargo (dentro de mi manera de pintar) y el otro sobre una idea que llevo tiempo valorando. Sin embargo no puedo dejar de pintar como lo hago, ni puedo pensar en renunciar a pintar sobre el mar pues eso ha contribuido a mi identidad, no sólo por las experiencias que dan origen a esas pinturas sino en cuanto a estilo se refiere: dado lo “exótico” de la “temática” no tengo a quien parecerme, las influencias de otros artistas son muy pocas y a eso le debo un crecimiento individual importante.

Así que, por mucho que quisiera seguir las tendencias (¿habrá temporada otoño-invierno 2009 para la pintura?) no puedo sino continuar mi evolución natural sin dejarme intimidar por otros, y tratar de mantener la esperanza de encontrar un lugarcito en el mundo del arte para mi obra reciente.

lunes 30 de marzo de 2009

¿Cómo se inicia una bitácora de pintura?

Siempre relacioné las bitácoras con actividades llenas de aventura, aunque luego comprobé que hay bitácoras para todo. Aún así, esa impresión en mí persiste, será porque la primera vez que ví una en mi vida fue una bitácora de vuelo (la de mi abuelo, que era piloto privado). No entendía todo lo que él anotaba, incluso había un toque de solemnidad en ella, pero cuando supe que era para anotar todo lo que ocurría durante un vuelo me pareció una idea increíble.

Luego yo tuve la mía (sí, de vuelo ¿quién iba a decir?). En 2003 comencé a llevar una bitácora de buceo, ahora un poquito detenida, y a lo largo de 2008 llevé una bitácora de sueños. Las dos últimas incluyen bocetos con acuarela, en un esfuerzo infructuoso por retener el recuerdo de lo vivido y lo soñado. Y claro, tengo el clásico cuaderno de bocetos de viaje. En todo caso, para mí las bitácoras siguen siendo reflejo de lo extraordinario (¿para qué andar anotando lo ordinario?).

Todo este preámbulo tiene que ver con la duda de cómo comenzar esta bitácora de pintura. Me sería imposible reconstruir los últimos 10 años, desde mis humildes comienzos con lápiz HB y papel marquilla. Así que supongo que empezaré, no por el principio como reza el dicho, sino justo en el momento presente, aunque irónicamente ahora no estoy pintando pues acabo de terminar un ciclo, reflejado en mi última exposición individual.

Entonces, ¿cuál es el principio de esta bitácora? Este momento de aparente vacío, de “depresión postparto” como lo llaman algunos. La incomodidad que surge después de haberse expuesto, de haber entregado todo; sí, todo, y aunque vendí pocos cuadros y conservo casi toda la obra de esta muestra ya no me pertenece, no la puedo tocar porque fue mostrada tal cual está. Y voy más allá: independientemente de la sensación de pérdida respecto a lo mostrado, viene el cuestionamiento sobre lo que voy a pintar en adelante. No sé como lo vivan otros artistas, yo no la paso bien en momentos como éste, en que si me presiono a pintar, viene irremediablemente el bloqueo (el famosísimo bloqueo de artista), frustración, etc.

Sin embargo, comienzo a sentir las ganas de pintar de nuevo. Hoy estoy encargando dos bastidores al fabricante: uno para realizar un encargo sobre una foto, algo lindo pero de alguna manera ya resuelto; otro para un cuadro nuevo, donde trabajaré algo totalmente diferente a lo que normalmente pinto, para descomprimir, relajar y dar espacio a ver qué pasa. Será sobre un tema no marino pero relacionado con la naturaleza y con mi propia experimentación en el abstracto -eso no lo puedo evitar ahora. Pero sin presiones, sin angustia -espero lograrlo.

sábado 28 de marzo de 2009

Mi psicóloga me recomendó que escribiera

...digo, mi psicóloga de hace 10 años, hace mucho que dejé de ir con ella. Le parecía muy chistoso cómo hablaba (lo cual no me caía en gracia mientras desahogaba mis penas, reales o imaginarias, en terapia) e insistía que yo tenía una veta creativa por explotar. Lo que ella no sabía es que terminaría como pintora y así ese costado de creatividad sale pero no por donde ella se imaginaba.

Esto fue hace poquito más de 10 años, y desde entonces mi única manera de expresarme ha sido mediante la pintura, con muchos trabajos y satisfacciones también, cuando de vez en vez logro algo interesante en mi trabajo, plásticamente, con texturas y colores, ambientes más que ideas o historias.

Ahora, recién pasada mi tercera exposición individual, todavía en la cuesta de inicio de este camino que es pintar, retomo la idea de escribir. Así que, bienvenidos a mi blog! si es que alguien por ahí encuentra este espacio y le interesa -obviamente, el tema principal será la pintura, el proceso creativo, el "mundo del arte" si es que existe como tal o es una especulación del mercado, en fin. Dejo a otros blogs las anécdotas chistosas, la poesía, la política y todo lo que llena el ciberespacio, aparentemente infinito.