viernes 31 de diciembre de 2010

Se me acabó el año

Hace exactamente un año estaba de vacaciones; o mejor dicho, había renunciado a un trabajo que no tenía que ver con la pintura, y lo hice por impulso, harta y sin tener mucha claridad de lo que haría en 2010 para obtener un ingreso. Lo importante para mí, en ese momento, es que estaba pintando y era optimista en cuanto a que en 2010 pintaría más, mucho más.

Soy una persona de ciclos; suelo hacer el -a veces temido- balance de fin de año. Este fue un año de mucha pintura, pero digital, ya que aprendí el oficio de fondista (“los que hacen los escenarios”) para cine de animación, dejando momentáneamente a un lado mi trabajo personal.

Me cuesta pensar que en 2008 prácticamente vivía de vender mi obra, y que a partir de 2009 tuve que buscar alguna alternativa para obtener un ingreso ya que la vendimia se vino abajo con la crisis. Ahora, finalizando 2010, me siento de verdad agradecida por haber encontrado un medio de subsistencia que tiene que ver con la pintura, aunque un poco dolida por -nuevamente- haber pintado tan poco a nivel personal.

Sin embargo no todo fue trabajo duro; tuve muchos momentos de enriquecimiento artístico (especialmente al terminar la producción de Héroes Verdaderos): leí buenos libros, vi buenas películas con sus documentales correspondientes (ventaja del dvd, ni hablar del blu ray), y descubrí la verdadera belleza del color en el cine e incluso en los videojuegos (como pintora suena a blasfemia, pero es cierto).

Tengo que admitir que obtener una consola Playstation 3, blu ray incluido, me abrió literalmente los ojos. Ahora tengo una visión entrenadísima y un disfrute adicional al apreciar las paletas usadas en el cine para crear el ambiente deseado por los directores con el color, desde películas como El Padrino hasta otras como Arrástrame al Infierno (azul y amarillo para una peli de horror, todo un hallazgo); el desarrollo de la iluminación -lightning- en los escenarios digitales de videojuegos (Uncharted 2 especialmente me parece admirable), y tuve un re-descubrimiento del technicolor que antes me parecía horrible -los colores chillantes, los sets y telones pintados para los escenarios eran tan obvios- ahora cada cuadro me parece una creación artística a todo nivel. Cuando vi El Mago de Oz en blu ray no pude dejar de pensar en las personas que vieron el cine a color por primera vez, y películas como The Searchers de John Ford me hicieron revalorar la puesta en escena del western clásico. También aprendí mucho de animación aunque no me dedico a ese rubro, y eso me hace gozar las películas de animación clásicas y analizar las nuevas con otra perspectiva.

Creo además que mi pintura va tomando una nueva dirección; no está muy claro a dónde voy, pero no será igual a lo que hacía, digamos, a mediados de 2009. Así las cosas, brindo porque 2011 sea un año de mucha más dedicación a mi pintura personal.

Hecho el balance bitacoresco, los dejo con una animación muy navideña -sin color, lo siento- cortesía del animador inglés Simon Tofield, quien generosamente sube sus animaciones a Youtube y tiene su sitio aquí www.simonscat.com:

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